
El primer Campeonato Uruguayo de Fútbol se jugó en 1900 y lo ganó el Central Uruguay Railway Cricket Club. Desde entonces el fútbol fue popularizándose y volviéndose poco a poco el deporte favorito de los uruguayos, al tiempo que pasaba de la era Amateur a la Profesional. Peñarol y Nacional, los dos equipos “grandes”, se reparten la mayoría de aficionados y de campeonatos conseguidos. Además, ambos han triunfado en el ámbito internacional, conquistando varias Copas Libertadores de América y Copas Intercontinentales. Pero si Nacional y Peñarol separan aguas entre los fanáticos, hay un equipo que consigue aunar y emocionar a todo el país: la Selección de fútbol de Uruguay.
La Selección Uruguaya de Fútbol jugó su primer partido en 1901 y desde 1910 viste la camiseta color celeste que la caracteriza. En 1924 obtiene la medalla olímpica de oro en Colombes y en 1928 en Amsterdam. En 1930 Uruguay fue sede del primer Campeonato Mundial de Fútbol y el 30 de julio de ese año la Selección Uruguaya derrotó a la de Argentina en la final 4 a 2 en el recién inaugurado Estadio Centenario.
El cuarto Campeonato Mundial de Fútbol, disputado en Brasil en 1950, le dio a Uruguay su segunda copa. Uruguay sorprendió al mundo al vencer al local y favorito en la final en el colosal Estadio Maracaná. Desde entonces se conoce ese hecho como "El Maracanazo".
En tierras americanas la selección se ha alzado con catorce Copas América. En la última Copa Mundial de Sudáfrica el equipo nacional alcanzó el cuarto lugar.
Este partido que ya lleva más de 500 ediciones se jugó por primera vez el 15 de julio de 1900, cuando se enfrentaron por primera vez Nacional y Peñarol . Desde entonces, cada partido es una fiesta para el vencedor y una tragedia para el abatido. Semanas antes de cada uno de estos encuentros se palpa en las calles y en los medios la adrenalina que el clásico genera, que luego se traduce en las coloridas y cantantes tribunas.
El Parque José Batlle y Ordóñez concentra varias instalaciones deportivas, como la pista de atletismo, el velódromo, un club de tiro, un par de canchas de fútbol, pero el emblema de la zona es el Estadio Centenario. Obra del Arq. Juan A. Scasso, fue construido en tiempo record para el primer Campeonato Mundial de Fútbol en 1930, ganado por Uruguay. A partir de ese momento ha sido el templo mayor del fútbol local
, el coliseo del clásico y la casa de la Selección Uruguaya de Fúbtol.
A partir de diciembre comenzamos a preparar las fiestas de fin de año y a planificar las vacaciones de verano.
Los destinos favoritos son las incontables playas de la “Costa de Oro”, la calma de Piriápolis, el glamour de Punta del Este, las oceánicas aguas de Rocha. Gracias a la corta distancia entre uno y otro punto es posible vivir varias vacaciones en una y disfrutar del verano al máximo.
Durante el verano, la siempre cercana ciudad de Montevideo desacelera su ritmo y se vuelve más apacible aún, mientras prepara los últimos detalles del Carnaval.
Cada semana de turismo los uruguayos aprovechan para estirar la temporada de vacaciones hacia el este (si aún permanece el verano) o hacia las termas del norte (si ya se siente el otoño). También hacen turismo los más pequeños, quienes disfrutan en esos siete días de vacaciones de variadas ofertas de espectáculos.
Al igual que el tradicional asado, el consumo de mate suele darse en compañía de otros. La hora natural es la mañana, a forma de desayuno, pero gracias al termo, que sustituyó a la caldera en la cocina o fogón, el mate se traslada al trabajo, a la universidad, o a cualquier lugar para juntarse con amigos. Una postal típica es encontrar a la gente en la Rambla, en el Parque Rodó, El Prado, o en cualquier plaza tomando mate con bizcochos.
Hoy en día se llama “mate” a la bebida en su conjunto pero, estrictamente, esta palabra refiere al recipiente elaborado con el fruto de la Lagenaria siceraria. Los 2/3 de yerba-mate con que se lo rellena absorben el agua caliente, resultando así la ancestral infusión que se lleva a la boca con la bombilla de metal.
Si hay un aroma que confirma que estamos en Uruguay es el del asado a la parrilla, la especialidad gastronómica del país. Un asado es siempre la excusa para la reunión familiar, con amigos, con compañeros de estudio o trabajo, etc. Como el mate, el asado reúne a campo y ciudad, y no hay rincón del Uruguay en donde no se piense en un domingo ideal con unos bifes de carne en la parrilla de casa, o en cualquiera de las innumerables parrilladas o en el mismísimo epicentro del asado Montevideano: el Mercado del Puerto. Tras un buen asado es costumbre degustar un flan con dulce de leche o panqueques con dulce de leche.
La emblemática copa del Bar Roldós es una mezcla de vino blanco seco y vino espumoso dulce, mejor conocida como Medio y Medio, que enciende cada asado en el Mercado del Puerto .
Esta bebida acompaña acompaña las jornadas de invierno luego de un día atareado. La grappamiel es una variedad de la Grappa (derivada de la uva) mezclada con miel de abeja y es un trago clásico en los bares montevideanos.
Tannat, la cepa emblemática del Uruguay atrae a los más refinados paladares del mundo, pero es tan solo la entrada a un mundo de sensaciones de las diferentes variedades de vinos provenientes de las uvas Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir, Riesling, Chardonnay y Sauvignon Blanc.
Por los fértiles suelos del Uruguay se extienden centenas de bodegas de rica historia familiar, que han apostado por la calidad, en lugar de la cantidad, y han recibido elogios en todo el mundo.
La variedad local de este “manjar” latinoamericano se compone de leche y azúcar, dando lugar a un exquisito dulce que se encuentra en la mayoría de los platos dulces de Uruguay. En el corazón de los bizcochos dulces, los panqueques, el flan, los helados y las empanadas dulces siempre estará el dulce de leche. Es una de las comidas que más extrañan los extranjeros cuando se van.
Traídas por los inmigrantes españoles, este plato se ha ganado el corazón de los uruguayos por su imbatible combinación de sencillez, sabor y variedad. ¡Hasta un niño puede prepararlas!
Las combinaciones clásicas incluyen ingredientes como carne, jamón y queso, choclo, cebolla, aceitunas verdes y tomate. Los vegetarianos prefieren las que mezclan berenjena, tomate, acelga, apio, morrón, puerro, rúcula. También hay empanadas “de mar” con calamares, atún, mejillones y merluza. Para los golosos siempre están las rellenas de dulce de leche, chocolate o manzana.
Un alumno del ILE definió al chivito como “el mejor sándwich del mundo” y quizás tenga razón. Está compuesto por un fino churrasco de carne vacuna y los demás ingredientes son lechuga, tomate, jamón cocido y queso, panceta, cebolla, aceitunas, huevo, morrón, mayonesa y pan.
Otros ingredientes adicionales y otras maneras de presentarlo amplían el universo del chivito que, generalmente, se sirve con papas fritas. La milanesa también se sirve con papas y a veces al pan y, cuando lleva jamón, mozzarella y salsa de tomate se la llama “napolitana”
El primer jueves y viernes de febrero las calles Carlos Gardel e Isla de Flores se transforman al ver pasar el Desfile de Llamadas que atrae las miradas de uruguayos y extranjeros seducidos por el mantra rítmico de los tamboriles. La gente se acerca a la agrupación e incluso, sin quererlo, se contagia y comienza a bailar al son del ritmo. Esta tradición de orígenes africanos fue tomando forma en las calles de los barrios Sur y Palermo, ganando público y reconocimiento por igual.
Su ritmo ha sido adaptado a la estructura de canción popular de la mano de Rubén Rada y Eduardo Mateo, quienes combinaron este ritmo con la canción “beat” y la música brasileña, moldeando, así, la banda de sonido de la ciudad de Montevideo. También tuvo su cruce con la música culta de la mano de Jaurés Lamarque Pons.
El espíritu del gaucho de la antigua Banda Oriental se respira en cada fiesta que rescata y confirma, cada vez, los rasgos más arraigados de la identidad nacional. En tales ocasiones confluyen las costumbres, los personajes y las comidas típicas. Los eventos más populares son las jineteadas y domas y los espectáculos musicales folclóricos.
En el Interior las fiestas folclóricas más destacadas son la “Patria Gaucha” en Tacuarembó, “Minas y Abril” en Minas, “Andresito le canta al país” en Andresito, el “Festival del Payador” en San José de Mayo, la “Noche de los Fogones” en Minas.
En Montevideo, el díptico de fiestas de la Semana Criolla y la “ExpoPrado” acercan a la capital diferentes aspectos de la vida rural y congregan a miles de visitantes.
La feria de Tristán Narvaja es uno de los paseos más diversos y sorprendentes que ofrece Montevideo. Cada mañana de domingo miles de personas se acercan a buscar el libro que buscan hace años, a comprar las verduras para la ensalada, a conseguir el regalo para el cumpleaños de un amigo o simplemente a pasear, dejándose llevar por lo insólito o la ganga. La lista de artículos no termina: frutas, quesos, al lado de alhajas antiguas, vinilos de culto, libros de segunda mano, ropa, artesanías, herramientas, animales, herramientas, repuestos, etc.
Terminada la feria se van los puestos pero el resto de los días permanecen los locales tradicionales de la zona, principalmente casas de antigüedades y librerías que venden libros viejos y nuevos.
También los domingos pero en el Parque Rodó hay una feria de ropas y artesanías. Otra muy popular es la feria de Villa Biarritz que queda a dos cuadras del ILE. Martes y sábados se pueden comprar allí tanto vegetales como ropa.
Y, entre semana, cada barrio tiene su propia feria de frutas, verduras y alimentos.
En cantautores de renombre como Fenrando Cabrera o Jorge Drexler se pueden rastrear el diálogo continuo entre las diversas tradiciones musicales uruguayas y rioplatenses. Es que la mezcla viene de los propios orígenes, pues el Río de la Plata ha sido siempre zona de confluencia de lo americano con lo europeo y africano. De la misma manera, la frontera musical entre lo urbano y lo rural es a menudo tan solo geográfica, pues sus caminos se cruzan y complementan y se puede escuchar una milonga “rural” como “Milonga de andar lejos”, pero también una “urbana” como “Milonga de pelo largo”. Otros géneros como el candombe, la murga o el tango se han expandido desde los arrabales hasta el primer plano de reconocimiento popular y crítico. El rock, por otra parte, ha sido la música popular de varias generaciones de jóvenes, así como la música tropical de otras tierras latinoamericanas ha sido la elegida a la hora de bailar.
El Tango es un género de dos orillas, compartido por Montevideo y Buenos Aires. Las mayores voces del tango uruguayo han sido Julio Sosa y Francisco Canaro y la melodía que se ha vuelto un clásico es “La Cumparsita”, estrenada en 1916 en un bar de Montevideo. Esta obra de Gerardo Matos Rodríguez se ha vuelto el “Himno de los tangos” y ha representado a Uruguay en diversos certámenes internacionales.
El rock comenzó su explosión en los 60 con grupos como Los Shakers y Los Mockers. Fue tomando características locales con agrupaciones como Totem o Psiglo hasta principios de los 70 cuando la dictadura interrumpió su desarrollo. En los ochenta la pos-dictadura trajo a los oscuros Estómagos y Traidores y a los satíricos Cuarteto de Nos. A comienzos de los 90 nacieron las más sólidas del rock alternativo como Buenos Muchachos o La Hermana Menor, a fines de los 90 La Vela Puerca y No Te Va gustar se acercaron a ritmos latinos y han tenido gran éxito durante los 00’s.